En el norte del Cauca, un instructor convierte los lenguajes de programación en oportunidades para los jóvenes de SENATIC
En Caloto, Cauca, Álvaro Álvarez Lozano acompaña a estudiantes que, pese a las dificultades de conectividad y movilidad, descubren en la programación una puerta hacia el empleo y un mejor futuro.
CALOTO, Cauca (GOYA Noticias) – Cada semana, Álvaro Álvarez recorre cerca de 45 minutos desde Santander de Quilichao hasta Caloto. Aunque la distancia no es larga, el trayecto atraviesa una zona donde desplazarse exige precaución. Sin embargo, para este ingeniero de sistemas el propósito siempre vale la pena: llegar al aula significa ayudar a que decenas de jóvenes descubran que la tecnología también puede transformar sus vidas.
Su historia comenzó lejos del Cauca. Nació en el Tolima, creció parcialmente en Chía, Cundinamarca, y estudió Ingeniería de Sistemas cuando la informática apenas comenzaba a desarrollarse en Colombia. Su primera experiencia profesional despertó una pasión que lo ha acompañado durante más de cuatro décadas: la programación.
“Creo que fui de los primeros ingenieros de sistemas en Colombia. Empecé mi carrera a comienzos de los años ochenta, cuando todavía trabajábamos con tarjetas perforadas y los computadores eran muy diferentes a los de hoy”, recuerda. Después de una extensa trayectoria como docente universitario y director de un programa de Ingeniería de Sistemas, decidió regresar al aula porque entendió que enseñar también era una manera de seguir aprendiendo.
“Me di cuenta de que la parte administrativa me estaba alejando de la tecnología. Preferí regresar al aula porque allí podía seguir aprendiendo junto con mis estudiantes y mantenerme actualizado en programación y desarrollo de software.”
CALOTO, Cauca (GOYA Noticias) – Cada semana, Álvaro Álvarez recorre cerca de 45 minutos desde Santander de Quilichao hasta Caloto. Aunque la distancia no es larga, el trayecto atraviesa una zona donde desplazarse exige precaución. Sin embargo, para este ingeniero de sistemas el propósito siempre vale la pena: llegar al aula significa ayudar a que decenas de jóvenes descubran que la tecnología también puede transformar sus vidas.
Su historia comenzó lejos del Cauca. Nació en el Tolima, creció parcialmente en Chía, Cundinamarca, y estudió Ingeniería de Sistemas cuando la informática apenas comenzaba a desarrollarse en Colombia. Su primera experiencia profesional despertó una pasión que lo ha acompañado durante más de cuatro décadas: la programación.
“Creo que fui de los primeros ingenieros de sistemas en Colombia. Empecé mi carrera a comienzos de los años ochenta, cuando todavía trabajábamos con tarjetas perforadas y los computadores eran muy diferentes a los de hoy”, recuerda. Después de una extensa trayectoria como docente universitario y director de un programa de Ingeniería de Sistemas, decidió regresar al aula porque entendió que enseñar también era una manera de seguir aprendiendo.
“Me di cuenta de que la parte administrativa me estaba alejando de la tecnología. Preferí regresar al aula porque allí podía seguir aprendiendo junto con mis estudiantes y mantenerme actualizado en programación y desarrollo de software.”
Aprender en medio de los desafíos
En 2025 se vinculó como instructor del proyecto SENATIC, alianza entre el Ministerio TIC, el SENA y la OIT, desde la Institución Educativa Escipión Jaramillo, en Caloto, departamento del Cauca. Allí encontró una realidad distinta a la educación superior: estudiantes con enormes deseos de aprender, pero con limitaciones de conectividad, acceso a equipos y dificultades para desplazarse desde sus comunidades rurales. Muchos solo pueden utilizar el computador del colegio o el teléfono celular de sus padres para realizar sus actividades académicas.
Las condiciones de seguridad también afectan su proceso de formación. Como las clases se desarrollan en jornada contraria, varios estudiantes deben regresar temprano a sus hogares porque el transporte deja de operar antes del anochecer.
“Y, aun así, llegan con ganas de aprender. Esa voluntad de superarse es admirable. Ellos entienden que esta puede ser una oportunidad para transformar su futuro y el de sus familias.”
La práctica como motor del aprendizaje
Álvaro está convencido de que la mejor forma de enseñar programación es programando. Desde las primeras clases busca que sus estudiantes escriban código, prueben soluciones y comprueben por sí mismos que pueden construir aplicaciones.
“Cuando un estudiante logra que aparezca su primer programa en pantalla, cambia completamente su actitud. Ahí deja de tenerle miedo a la programación y empieza a disfrutarla.” También procura que los jóvenes se visualicen desde ahora como futuros profesionales del sector tecnológico. Les recuerda que muchos de los contenidos que desarrollan corresponden a asignaturas que normalmente se cursan en la universidad.
“Quiero que dejen de sentirse únicamente estudiantes de colegio y comiencen a verse como profesionales en formación. Eso cambia la manera en que asumen el aprendizaje y fortalece su confianza.”
Una oportunidad que trasciende el aula
La experiencia también ha dejado aprendizajes personales. Tras una vida dedicada a la tecnología, Álvaro reconoce hoy la importancia de mantener el equilibrio entre el trabajo y la familia.
“La familia es el tesoro más grande que tiene una persona. El trabajo es importante, pero nunca puede reemplazar el tiempo compartido con quienes uno ama.”
Al mismo tiempo, valora el compromiso de otros instructores que desarrollan su labor en contextos aún más complejos, donde la conectividad, la electricidad o los equipos son insuficientes para enseñar programación.
Después de más de cuarenta años vinculado al mundo de los sistemas, mantiene intacta la motivación que sintió cuando escribió sus primeras líneas de código. Hoy esa pasión tiene un propósito adicional: acompañar a una nueva generación de jóvenes para que descubran que las competencias digitales pueden convertirse en una oportunidad de acceso al empleo, crecimiento profesional y desarrollo para sus comunidades.
Álvaro Álvarez Lozano, instructor del proyecto SENATIC en Caloto (Cauca), acompaña a estudiantes en el desarrollo de competencias digitales y programación para ampliar sus oportunidades de formación y empleo.