Con el respaldo de la OIT, Javier Quintero Rojas forma con entusiasmo a una generación que se transforma con la tecnología

Con el respaldo de la OIT, Javier Quintero Rojas forma con entusiasmo a una generación que se transforma con la tecnología

Desde las montañas de Bucaramanga y con raíces en la tierra cálida y silenciosa de Gamarra, Javier Quintero ha hecho de la docencia un proyecto de vida y de la tecnología una herramienta para transformar el presente de cientos de jóvenes. Su compromiso con la formación técnica, en el marco del proyecto SENATIC, es también un acto de esperanza por una Colombia más justa y con más oportunidades.

Javier Enrique Quintero Rojas nació hace 45 años en Gamarra, un pequeño municipio bañado por el río Magdalena, al sur del departamento del Cesar. En esa época, Gamarra era un pueblo con pocas herramientas de desarrollo, pero con una riqueza intangible que aún conserva en su memoria: la cercanía entre las familias, el tiempo sin prisa, los juegos en la calle de tierra, la voz de los abuelos al otro lado de la pared. Era un lugar donde todos se conocían por el nombre y las historias se tejían entre patios compartidos y meriendas sencillas.

Su infancia, aunque marcada por las dificultades materiales, fue profundamente feliz. Vivía con sus padres y su hermana, en medio de una comunidad que lo abrazaba como propia. De un lado vivían sus abuelos paternos, del otro, los maternos. Creció en medio del afecto y la compañía familiar, y es allí, en ese mundo pequeño pero cálido, donde se forjaron las primeras ideas de lo que significa acompañar, enseñar y cuidar.

A los 16 años dejó su pueblo para estudiar. Desde entonces han pasado casi tres décadas de vida en Bucaramanga, ciudad que lo recibió y donde ha sembrado no solo su carrera profesional, sino también su familia. Está casado desde hace 22 años con una profesional de la salud y es padre de cuatro hijos. Es ingeniero electrónico de formación, con especialización en ambientes de aprendizaje y una maestría en telemática enfocada en procesos académicos. Pero más allá de los títulos, lo que lo define es una frase sencilla: “Amo ser docente”.

Desde hace 20 años se dedica a la educación, especialmente en el nivel de la media. Su recorrido lo ha llevado por escenarios rurales como Puerto Wilches, a orillas del Magdalena, y por instituciones técnicas como las Unidades Tecnológicas de Santander. Desde el 2018 es docente en la Institución Educativa Oriente Miraflores, ubicada en el barrio Morrorico, comuna 14 de Bucaramanga, una zona con profundas dificultades sociales, pero también con una comunidad luchadora, alegre y llena de potencial.

Para Javier, el colegio es un refugio, un oasis que protege a los jóvenes de las dinámicas de violencia, consumo o deserción que a veces los rondan. Allí se ha comprometido no solo con enseñar programación de software en el marco del proyecto SENATIC, sino con escuchar, motivar y guiar. Ha trabajado de cerca con jóvenes con discapacidad cognitiva y trastornos del espectro autista, convencido de que la educación —cuando es humana y paciente— puede ser el arma más poderosa contra cualquier exclusión.

Con SENATIC, ha encontrado una herramienta de transformación profunda. Al inicio, muchos estudiantes se mostraron reacios, pero logró seducirlos con una promesa honesta:
“Este curso les va a dar habilidades reales, que los van a poner en una posición privilegiada en el mundo laboral”.
Hoy, sus estudiantes no solo aprenden lógica, pensamiento computacional o algoritmos; también aprenden a confiar en sí mismos, a desarrollar la paciencia y a pensar con claridad.

El proyecto SENATIC, apoyado por la OIT, el MinTIC y el SENA, ha fortalecido la articulación de la institución con procesos como el nodo de pensamiento computacional del British Council, y ha permitido integrar el área técnica con el emprendimiento escolar. Para Javier, la tecnología debe ir más allá del entretenimiento: debe estar al servicio de la solución de problemas sociales, debe facilitar la vida, no solo llenarla de pantallas.

Por eso, cuando supo que SENATIC no se quedaría en un solo ciclo, sino que continuaría, se emocionó profundamente. Vio en los rostros de sus estudiantes una chispa distinta, una motivación que se renovaba. “El mensaje que trajo la OIT despertó algo en ellos”, comenta. Cree firmemente que este tipo de programas no pueden desaparecer, porque representan una oportunidad real, especialmente para quienes tienen menos caminos abiertos.

Javier es uno de esos maestros que no solo enseña, sino que transforma. Desde su aula, donde se mezclan las líneas de código con los sueños de futuro, siembra todos los días la idea de que aprender es una forma de resistir, de crecer y de avanzar. Porque en contextos donde el acceso a la tecnología aún es desigual, él insiste en algo esencial: todo lo que podamos hacer por los jóvenes, desde lo público o lo privado, siempre será bienvenido.

SENATIC no es solo un curso de programación; es una posibilidad de justicia social. Y gracias a docentes como Javier Quintero, esa posibilidad se convierte en realidad.
Javier Quintero, hombre de 45 años, aparece de pie mirando a la cámara con una expresión amable

Javier Enrique Quintero hace parte del grupo de los más de 800 instructores que continúan en 2025 en la línea 1 del proyecto SENATIC, alianza dada en todo el territorio colombiano entre el Ministerio TIC, el SENA y la OIT, para jóvenes pertenecientes a la educación media técnica articulada.

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