TALENTO INSPIRADOR La OIT y SENATIC abren caminos

La OIT y SENATIC abren caminos: la historia de una joven migrante que hoy sueña con ser arquitecta

Alexandra Barroso Palmar, una joven migrante venezolana que transformó el dolor en oportunidad de la mano del proyecto SENATIC, una alianza entre el Ministerio TIC, el SENA y la OIT, el que hoy le permite soñar con ser arquitecta luego de una infancia marcada por la pobreza, el trabajo infantil, la migración forzada y una amistad que dejó eternas huellas en su corazón.
A veces, los caminos más difíciles conducen a los destinos más esperanzadores. Así ha sido la vida de Alexandra Barroso Palmar, una joven de mirada dulce y sonrisa valiente que nació en Guatire, Venezuela, hace 18 años. Su historia no es solo la de una migrante, es la de una sobreviviente que ha convertido cada caída en impulso y cada ausencia en un motivo para avanzar.

Tenía apenas diez años cuando comenzó a trabajar vendiendo agujas para coser zapatos en Cuatrobocas, un rincón olvidado de Venezuela. A su lado estaba Yeya, su amiga de nueve años, con quien compartía no solo el hambre y el cansancio, sino también los sueños. Alexandra recuerda cómo, con la voz entrecortada por la tristeza, Yeya le confesaba que quería ir al colegio, tener un peluche y unos zapatos nuevos. Ante el dolor ajeno, la pequeña Alexandra le recitaba versos del poema No te rindas, de Mario Benedetti, como un ritual de consuelo que al menos por un momento calmaba aquel profundo vacío.

La crisis venezolana llevó a Alexandra y a su familia a migrar. Cruzaron trochas, atravesaron La Guajira, llegaron a Maicao y finalmente a Barranquilla, donde hoy vive con su padre —maestro de obra—, su abuela, su hermana y su sobrina. Un día cualquiera mientras caminaba desprevenida con su mamá por el barrio, tropezó y cayó al suelo. Al levantarse, frente a ella apareció la Institución Educativa Distrital América Latina. Fue amor a primera vista. “Yo quiero estudiar ahí”, dijo, sin saber que aquel tropiezo le cambiaría la vida.

Buscó varios colegios, pero por su condición de migrante e indocumentada le cerraron las puertas. Solo la IED América Latina la recibió. Lloró de alegría al ser admitida, pero el destino le tenía otra prueba: llegó el COVID-19 y su primer día de clases fue virtual. Empezó sexto grado a través de una pantalla, sin conocer aún los rostros de sus compañeros ni los pasillos del colegio.

Al llegar la presencialidad, con mucho esfuerzo logró integrarse a la institucionalidad. Pero su gran oportunidad llegó con SENATIC, haciendo un programa técnico en sistemas teleinformáticos y analítica de datos que llegó como un regalo inesperado en su vida. “Cuando inicié SENATIC sentí felicidad. Era algo nuevo para mí, y supe que me abriría muchas puertas”, cuenta Alexandra. Hoy está en grado once, es personera estudiantil, se capacita en seguridad ocupacional y sueña con ser arquitecta. Tiene claro que la tecnología está en todo y quiere usarla para construir futuro.

Su instructora, Viviana Anaya, ha sido fundamental en su proceso. “Es muy paciente y atenta. Me ha acompañado con cariño”, dice, resaltando el valor de tener a alguien que cree en su potencial.

Pero la historia de Alexandra está marcada también por el dolor. Años después de su partida de Venezuela, recibió la noticia de que su amiga Yeya había sido víctima de feminicidio, su frágil cuerpo fue hallada sin vida en una carretera. Esa noticia le quebró la fe. “Pensé que Dios se había olvidado de nosotras, pero hoy creo que Yeya está en el cielo, y desde allá me cuida”, dice entre lágrimas.

También perdió a un hermano en circunstancias que no desea mencionar. Cada pérdida, sin embargo, la hizo más fuerte.

Hoy, Alexandra no deja de sonreír. “Soy feliz porque, a pesar de todo, he tenido oportunidades. SENATIC fue una de ellas. A los jóvenes como yo les digo: usen la tecnología para hacer el bien, para crecer, para construir. La pobreza es mental; si uno se lo propone, puede salir adelante”.

Desde una infancia con hambre en Cuatrobocas hasta las aulas digitales de SENATIC, la historia de Alexandra Barroso Palmar es testimonio de resiliencia, aprendizaje y esperanza. Su voz, que una vez consoló con poemas a una niña con hambre, hoy inspira a toda una generación que busca transformar su destino.
Alexandra Barroso Palmar es parte de los 33.000 aprendices que continúan en 2025

Alexandra Barroso Palmar es parte de los 33.000 aprendices que continúan en 2025 en la línea 1 del proyecto SENATIC, alianza dada en todo el territorio colombiano entre el Ministerio TIC, el SENA y la OIT

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