Desde la isla de San Andrés, se transforman vidas a través de la tecnología y el proyecto de la OIT
Es el caso de Keyn Manuel Martínez, quien guía a sus aprendices de grado once en el camino de la formación técnica, enfrentando con creatividad los retos del idioma, la exclusión y la distancia entre el archipiélago y el continente. Como instructor del proyecto SENATIC, su labor es también un acto de resistencia y amor por su territorio raizal.
San Andrés es mar abierto, viento cálido y cultura viva. Es el eco del creole, la alegría del calipso, el aroma del coco y la historia de un pueblo que ha resistido el olvido. En esa isla del archipiélago colombiano trabaja Keyn Manuel Martínez, un educador que ha hecho de la docencia un compromiso con su comunidad.
Keyn nació hace 52 años en San Andrés, es el menor de siete hermanos en el seno de una familia raizal que le inculcó el orgullo por su identidad y la importancia del esfuerzo por progresar. Sus padres, con sacrificio, le dieron el privilegio de salir de la isla en 1994 para estudiar en Bogotá, una experiencia dura por el choque cultural y el clima, pero que marcaría el inicio de un camino vocacional. Se formó como docente en la Universidad CIDCA y vivió en la capital gracias al apoyo de un hermano que ya se había instalado allí gracias a sus habilidades en el baloncesto.
Aunque nunca pensó terminar como profesor, lo descubrió en el ejercicio y se quedó por convicción. “No hay profesión más bella que esta. Enseñar es abrir caminos donde no los hay”, dice, desde un aula del Instituto Educativo Antonia Santos, donde actualmente forma a 47 aprendices en el marco del proyecto SENATIC.
Al volver a su isla, trabajó con el SENA y en otros colegios, pero el deseo de aportar a su comunidad lo ha mantenido en el archipiélago. Desde entonces, ha sido testigo de los profundos cambios en la conectividad de la isla, que antes se encontraba aislada tecnológicamente. El cable submarino trajo nuevas posibilidades, pero la educación superior sigue siendo limitada, y muchos jóvenes no saben qué camino tomar. Es ahí donde SENATIC se ha convertido en una oportunidad única.
San Andrés es mar abierto, viento cálido y cultura viva. Es el eco del creole, la alegría del calipso, el aroma del coco y la historia de un pueblo que ha resistido el olvido. En esa isla del archipiélago colombiano trabaja Keyn Manuel Martínez, un educador que ha hecho de la docencia un compromiso con su comunidad.
Keyn nació hace 52 años en San Andrés, es el menor de siete hermanos en el seno de una familia raizal que le inculcó el orgullo por su identidad y la importancia del esfuerzo por progresar. Sus padres, con sacrificio, le dieron el privilegio de salir de la isla en 1994 para estudiar en Bogotá, una experiencia dura por el choque cultural y el clima, pero que marcaría el inicio de un camino vocacional. Se formó como docente en la Universidad CIDCA y vivió en la capital gracias al apoyo de un hermano que ya se había instalado allí gracias a sus habilidades en el baloncesto.
Aunque nunca pensó terminar como profesor, lo descubrió en el ejercicio y se quedó por convicción. “No hay profesión más bella que esta. Enseñar es abrir caminos donde no los hay”, dice, desde un aula del Instituto Educativo Antonia Santos, donde actualmente forma a 47 aprendices en el marco del proyecto SENATIC.
Al volver a su isla, trabajó con el SENA y en otros colegios, pero el deseo de aportar a su comunidad lo ha mantenido en el archipiélago. Desde entonces, ha sido testigo de los profundos cambios en la conectividad de la isla, que antes se encontraba aislada tecnológicamente. El cable submarino trajo nuevas posibilidades, pero la educación superior sigue siendo limitada, y muchos jóvenes no saben qué camino tomar. Es ahí donde SENATIC se ha convertido en una oportunidad única.
“La mayoría de nuestros jóvenes son vulnerables. Muchos no saben qué hacer con sus vidas. Este proyecto les da una ruta, una razón, algo que los motiva”
Él mismo les recuerda que las generaciones pasadas no contaron con lo que hoy ellos tienen: acceso a formación técnica en programación, contenidos digitales y herramientas para construir un proyecto de vida desde la tecnología.
Sin embargo, los desafíos persisten, especialmente en el aula. Uno de los más complejos es el idioma. En San Andrés, gran parte de la población habla creole, y muchos no dominan el español, y otros que sí lo hablan por ser continentales, no comprenden el creole. “Cuando pido que hablen en castellano, algunos sienten que les estoy quitando su derecho a expresarse en su lengua. Pero mi intención es que aprendan también a comunicarse en español, para que puedan entender el material y acceder a más oportunidades”, explica.
Los contenidos del programa SENATIC, al estar diseñados solo en español, pueden resultar excluyentes para estudiantes raizales. Por eso, Keyn se esfuerza por equilibrar su docencia, adaptando su metodología y explicando desde el respeto a la identidad cultural. Tiene estudiantes que vienen de sectores donde la cultura raizal es profundamente arraigada, y para ellos, cada clase es también una traducción simbólica: de idioma, de tecnología, de mundo.
Además de formar, Keyn busca inspirar. Quiere que las historias de sus estudiantes sean conocidas, que el país entienda las particularidades de la isla, sus voces, sus luchas y sus talentos. Sabe que desde lo local también se construye lo nacional, y que los jóvenes de San Andrés no están desconectados del mundo, sino que lo observan con una mirada distinta.
Con SENATIC, ha visto cómo sus aprendices se animan a innovar, a imaginar soluciones, a conectarse con posibilidades que antes parecían lejanas. Y aunque los desafíos son muchos, tiene claro que el proyecto no puede detenerse. “Esto no se puede dejar acabar, porque los que vienen atrás también tienen derecho a aprender, a crecer y a soñar”.
Desde un rincón del Caribe, Keyn Martínez enseña con afecto, con paciencia, y con la certeza de que educar en su lengua y en su cultura no está en contravía del desarrollo, sino que es la base para que la tecnología florezca donde antes solo había silencio.
Sin embargo, los desafíos persisten, especialmente en el aula. Uno de los más complejos es el idioma. En San Andrés, gran parte de la población habla creole, y muchos no dominan el español, y otros que sí lo hablan por ser continentales, no comprenden el creole. “Cuando pido que hablen en castellano, algunos sienten que les estoy quitando su derecho a expresarse en su lengua. Pero mi intención es que aprendan también a comunicarse en español, para que puedan entender el material y acceder a más oportunidades”, explica.
Los contenidos del programa SENATIC, al estar diseñados solo en español, pueden resultar excluyentes para estudiantes raizales. Por eso, Keyn se esfuerza por equilibrar su docencia, adaptando su metodología y explicando desde el respeto a la identidad cultural. Tiene estudiantes que vienen de sectores donde la cultura raizal es profundamente arraigada, y para ellos, cada clase es también una traducción simbólica: de idioma, de tecnología, de mundo.
Además de formar, Keyn busca inspirar. Quiere que las historias de sus estudiantes sean conocidas, que el país entienda las particularidades de la isla, sus voces, sus luchas y sus talentos. Sabe que desde lo local también se construye lo nacional, y que los jóvenes de San Andrés no están desconectados del mundo, sino que lo observan con una mirada distinta.
Con SENATIC, ha visto cómo sus aprendices se animan a innovar, a imaginar soluciones, a conectarse con posibilidades que antes parecían lejanas. Y aunque los desafíos son muchos, tiene claro que el proyecto no puede detenerse. “Esto no se puede dejar acabar, porque los que vienen atrás también tienen derecho a aprender, a crecer y a soñar”.
Desde un rincón del Caribe, Keyn Martínez enseña con afecto, con paciencia, y con la certeza de que educar en su lengua y en su cultura no está en contravía del desarrollo, sino que es la base para que la tecnología florezca donde antes solo había silencio.
Keyn Manuel Martínez hace parte del grupo de los más de 800 instructores que continúan en 2025 en la línea 1 del proyecto SENATIC, alianza dada en todo el territorio colombiano entre el Ministerio TIC, el SENA y la OIT, para jóvenes pertenecientes a la educación media técnica articulada.