Con el respaldo de la OIT, Arleidis Pushaina supera barreras

Con el respaldo de la OIT, Arleidis Pushaina supera barreras para formarse en tecnología y servir a su comunidad Wayúu

Desde la ranchería Lomamatos, en el municipio de Hatonuevo (La Guajira), Arleidis Pushaina Pushaina avanza con decisión en su camino como aprendiz del programa SENATIC. A sus 16 años, esta joven indígena del clan Pushaina es un ejemplo de constancia y liderazgo para su familia y su comunidad. Con esfuerzo y entusiasmo, enfrenta cada día los desafíos de estudiar programación de software en un territorio donde el acceso a la educación sigue siendo limitado.

Arleidis nació en el corazón del territorio Wayúu, rodeada de cultivos de maíz, juegos tradicionales, danzas ancestrales como la yonna y el arte del tejido de mochilas y chinchorros. Su infancia, vivida entre la sabiduría de su abuela y el trabajo artesanal de su madre Francisca, fue un tiempo feliz, lleno de aprendizajes comunitarios que hoy se transforman en motivación para seguir estudiando y convertirse en una referente para los suyos.

Su camino no ha sido fácil. Como muchos jóvenes indígenas del Caribe colombiano, enfrenta barreras geográficas y económicas para acceder a la formación. Para asistir a las clases de SENATIC, que se dictan en jornada contraria al colegio, debe pagar un transporte adicional que cuesta diez mil pesos. Cuando no los tiene, camina durante dos horas desde su ranchería hasta el casco urbano de Hatonuevo. Lo hace con la convicción de que su educación no es solo un proyecto personal, sino un camino colectivo.

“Muchas veces no todos pueden bajar desde la ranchería, pero yo sé que lo que estoy haciendo es importante para mis hermanos y para mi comunidad”, dice Arleidis. “SENATIC me ha enseñado cosas que antes ni sabía. Aprendí a programar, a conocerme y también a ayudar a otros”.

Actualmente cursa el técnico laboral en Programación de Software que SENATIC ofrece en la institución educativa Nuestra Señora del Carmen, con el respaldo del SENA, el Ministerio TIC y la OIT. El impacto ha sido profundo. Para Arleidis, la tecnología es más que una herramienta: es una oportunidad para conocerse, descubrir habilidades propias y aportar a su entorno. Su liderazgo es evidente, sus compañeros la respetan y muchos la miran como un ejemplo a seguir.
En primera instancia, sueña con cursar enfermería superior en la Universidad de La Guajira para luego regresar y servir a su comunidad. Pese a carecer actualmente de la herramienta tecnológica para iniciar una actividad digital, a corto plazo y con las habilidades adquiridas a través del proyecto SENATIC, se plantea impulsar —mediante plataformas digitales como las redes sociales, el marketing online, un sitio web o cualquier otro medio de gestión empresarial— el trabajo ancestral que realizan Francisca, su madre, y otras mujeres tejedoras del clan Pushaina, con el fin de ampliar la salida comercial de las mochilas, chinchorros, hamacas, mantas y demás accesorios que produce su comunidad. Sus hermanos dicen que quieren estar en su lugar algún día. Ella lo tiene claro: no se trata solo de llegar lejos, sino de abrir caminos para que otros también puedan recorrerlos.

En una tierra marcada por el abandono, donde el sol del desierto brilla sobre las esperanzas de los más jóvenes, Arleidis camina, aprende, enseña y resiste. Como ella misma dice, en su lengua y en su voz, caerse también hace parte del camino. Lo importante es levantarse y seguir, por ella, por su gente, y por el mañana que está ayudando a construir.
Con el respaldo de la OIT, Arleidis Pushaina supera barreras_

Arleidis Pushaina Pushaina es parte de los 33.000 aprendices que continúan en 2025 en la línea 1 del proyecto SENATIC, alianza dada en todo el territorio colombiano entre el Ministerio TIC, el SENA y la OIT, para jóvenes pertenecientes a la educación media técnica articular.

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