La OIT y SENATIC continúan abriendo camino al futuro: esta es la historia de Dayarlin, una joven que transforma su vida programando Sofware
Desde los cerros de Bucaramanga, en la comuna 14, una joven aprendiz de origen venezolano demuestra que la pasión por la tecnología puede ser el motor para construir sueños y abrirse paso hacia una vida profesional con independencia y propósito. Dayarlin es una de las muchas voces que encarnan el espíritu transformador del proyecto SENATIC, liderado por la OIT, el MinTIC y el SENA.
Dayarlin Mercedes Oropeza Portilla tiene 17 años, una sonrisa amable y una determinación que no se detiene. Nació en Carabobo, Venezuela, y llegó a Colombia a los doce años, luego de que su madre emprendiera primero el camino migratorio en busca de mejores condiciones de vida. Un año más tarde, Dayarlin llegó junto a sus dos hermanos, ocupando el lugar de hija del medio en una familia que, a pesar de las dificultades económicas en su país de origen, le dio una infancia feliz.
Su vida en Colombia comenzó con un giro total, aunque no con resistencia. Fue acogida con afecto por familiares que ya residían en el país, y en la institución educativa Oriente Miraflores, aunque al principio le pareció todo nuevo y complejo, pronto se adaptó gracias a la calidez de sus compañeros. Hoy vive con su familia en el barrio Morrorico, comuna 14 de Bucaramanga departamento de Santander, una zona de fuerte arraigo comunitario que, pese a enfrentar problemas sociales profundos, también vibra con un gran potencial cultural.
Desde hace un año Dayarlin hace parte del proyecto SENATIC, con quien cursa un técnico en programación de software orientado por su instructor Javier Quintero. El entusiasmo con el que habla sobre lo que aprende revela una conexión profunda con la tecnología. Para ella, comprender cómo funcionan las aplicaciones desde cero no solo es emocionante, sino que le ha abierto una nueva visión de lo que puede lograr.
Dayarlin Mercedes Oropeza Portilla tiene 17 años, una sonrisa amable y una determinación que no se detiene. Nació en Carabobo, Venezuela, y llegó a Colombia a los doce años, luego de que su madre emprendiera primero el camino migratorio en busca de mejores condiciones de vida. Un año más tarde, Dayarlin llegó junto a sus dos hermanos, ocupando el lugar de hija del medio en una familia que, a pesar de las dificultades económicas en su país de origen, le dio una infancia feliz.
Su vida en Colombia comenzó con un giro total, aunque no con resistencia. Fue acogida con afecto por familiares que ya residían en el país, y en la institución educativa Oriente Miraflores, aunque al principio le pareció todo nuevo y complejo, pronto se adaptó gracias a la calidez de sus compañeros. Hoy vive con su familia en el barrio Morrorico, comuna 14 de Bucaramanga departamento de Santander, una zona de fuerte arraigo comunitario que, pese a enfrentar problemas sociales profundos, también vibra con un gran potencial cultural.
Desde hace un año Dayarlin hace parte del proyecto SENATIC, con quien cursa un técnico en programación de software orientado por su instructor Javier Quintero. El entusiasmo con el que habla sobre lo que aprende revela una conexión profunda con la tecnología. Para ella, comprender cómo funcionan las aplicaciones desde cero no solo es emocionante, sino que le ha abierto una nueva visión de lo que puede lograr.
“Lo que más me gusta es ver cómo algo que parece tan difícil al inicio, puedo entenderlo y aplicarlo. Me emociona cuando el código funciona”
Combina sus estudios con un trabajo de fines de semana como vendedora en un local de ropa, una labor que comenzó a los 15 años. Con una actitud agradable se ha ganado la confianza de los clientes y ha demostrado que la amabilidad también es una herramienta poderosa. Con el dinero que gana, se ayuda a sí misma y colabora en su hogar, donde con esfuerzo, su madre trabaja para casas de familia y su padre como guarda de seguridad.
Su día a día se mueve entre el aula, el computador, el trabajo, el gimnasio y el apoyo familiar. También en su corazón hay un espacio importante para Gabriel, a quien comparte con cariño en su perfil de WhatsApp. Pero su mente no se queda ahí: piensa en el futuro con claridad. Sueña con ser profesional, probablemente ingeniera de sistemas, tener independencia económica y seguir aprendiendo sobre programación, esa habilidad que ha descubierto con tanta facilidad y gusto. “Les diría a otros jóvenes que aprovechen estas oportunidades, porque son muy buenas y te preparan para lo que viene”, afirma.
Dayarlin no solo avanza por su propio camino, también inspira a su hermana menor, quien cursa el grado décimo en el mismo colegio y ya empieza a sentir interés por la tecnología. Su historia es una prueba de que, cuando se cruzan el acceso a la educación técnica, la motivación personal y el respaldo de proyectos como SENATIC, el resultado no es una promesa: es una realidad en construcción.
Dayarlin es parte de una generación que no espera el futuro, sino que lo programa. Con cada línea de código y cada decisión tomada desde la responsabilidad y la pasión, va tejiendo un destino distinto al que vivió antes de llegar a Colombia. Lo hace con firmeza, con sueños, y con esa mirada encendida que solo tienen quienes creen que sí es posible.
Su día a día se mueve entre el aula, el computador, el trabajo, el gimnasio y el apoyo familiar. También en su corazón hay un espacio importante para Gabriel, a quien comparte con cariño en su perfil de WhatsApp. Pero su mente no se queda ahí: piensa en el futuro con claridad. Sueña con ser profesional, probablemente ingeniera de sistemas, tener independencia económica y seguir aprendiendo sobre programación, esa habilidad que ha descubierto con tanta facilidad y gusto. “Les diría a otros jóvenes que aprovechen estas oportunidades, porque son muy buenas y te preparan para lo que viene”, afirma.
Dayarlin no solo avanza por su propio camino, también inspira a su hermana menor, quien cursa el grado décimo en el mismo colegio y ya empieza a sentir interés por la tecnología. Su historia es una prueba de que, cuando se cruzan el acceso a la educación técnica, la motivación personal y el respaldo de proyectos como SENATIC, el resultado no es una promesa: es una realidad en construcción.
Dayarlin es parte de una generación que no espera el futuro, sino que lo programa. Con cada línea de código y cada decisión tomada desde la responsabilidad y la pasión, va tejiendo un destino distinto al que vivió antes de llegar a Colombia. Lo hace con firmeza, con sueños, y con esa mirada encendida que solo tienen quienes creen que sí es posible.
ayarlin Mercedes Oropeza Portilla, hace parte de los 33.000 aprendices que continúan en 2025 en la línea 1 del proyecto SENATIC, alianza dada en todo el territorio colombiano entre el Ministerio TIC, el SENA y la OIT, para jóvenes pertenecientes a la educación media técnica articulada.