La OIT impulsa procesos de esperanza y reparación: esta es la vida de una joven mujer víctima del conflicto armado que hoy cree en la vida
Desde lo profundo de la Amazonía colombiana, en la vereda La Perecera del muncipio de Puerto Leguízamo, emerge la historia de Kelly Mallely Aguinda Siquihua, una joven indígena Kichwa cuya vida ha estado marcada por el dolor, la pérdida y el conflicto armado. Hoy, a sus 26 años, Kelly participa en el programa Formándonos para la Paz, alianza del Ministerio del Trabajo y la OIT, aferrándose con fuerza a una convicción: que aun en los escenarios más difíciles, la esperanza puede abrir caminos nuevos.
Kelly nació en 1999 en un territorio donde la guerra aún altera la vida cotidiana y la supervivencia no ha sido una garantía. Creció en una familia humilde de ocho hermanos y vivió una infancia atravesada por la escasez: comidas que muchas veces no llegaban, agua tomada del río y una niñez marcada por violencias profundas y silenciosas que aún reflejan huella en su memoria. Las amenazas de reclutamiento forzado la obligaron a dejar su hogar a los 11 años, separándola de su familia y exponiéndola a una vida errante en Puerto Asís, municipio en el departamento del Putumayo, donde enfrentó física hambre, abandono y nuevos abusos. En ese periodo sombrío creyó que la vida carecía de sentido, hasta que una familia desconocida la acogió y se convirtió en un primer rayo de luz.
Aun siendo menor de edad, Kelly trabajó incansablemente para sostenerse mientras estudiaba por su cuenta. Con el tiempo, encontró la fuerza espiritual que la ha acompañado desde entonces. Su fe, afirma, fue un sostén decisivo para reconstruirse y forjar una vida distinta. Hoy vive en Ibagué capital del departamento del Tolima, donde ha formado una familia con su esposo —trabajador de una fábrica de colchones— y donde cría con dedicación a sus tres hijos de 6, 5 y 2 años. Aunque enfrenta dificultades de transporte y conectividad para asistir al Centro de Formación Compusis de Colombia, donde estudia Auxiliar de Sistemas Informáticos, Kelly destaca la calidad humana de sus instructores y la oportunidad que le ofrece el programa para seguir avanzando.
Kelly recuerda con dolor el día en que perdió a su madre, una mujer indígena kichwa que murió alcanzada por una bala perdida hace seis años en medio de un combate entre grupos armados en Puerto Leguízamo, circunstancia que cambió para siempre el rumbo de su familia. Su padre, también perteneciente al resguardo indígena, continúa viviendo en la región, aferrado a la tierra ancestral que los vio crecer, pese a los riesgos y la persistente presencia del conflicto armado en la zona.
Para Kelly, Formándonos para la Paz representa más que formación técnica: es una puerta que le permite proyectarse hacia un futuro digno. Sueña con emprender un negocio de gallinas ponedoras —ya cuenta con cuatro— y aspira a darles a sus hijos la vida que ella nunca tuvo. Hoy habla con orgullo de ser una mujer que, pese a haber salido del dolor más hondo, logró levantarse. Su historia es un testimonio de supervivencia, fe y determinación: una vida marcada por la guerra, pero guiada ahora por el amor de su familia y la certeza de que el futuro puede reescribirse.
Aun siendo menor de edad, Kelly trabajó incansablemente para sostenerse mientras estudiaba por su cuenta. Con el tiempo, encontró la fuerza espiritual que la ha acompañado desde entonces. Su fe, afirma, fue un sostén decisivo para reconstruirse y forjar una vida distinta. Hoy vive en Ibagué capital del departamento del Tolima, donde ha formado una familia con su esposo —trabajador de una fábrica de colchones— y donde cría con dedicación a sus tres hijos de 6, 5 y 2 años. Aunque enfrenta dificultades de transporte y conectividad para asistir al Centro de Formación Compusis de Colombia, donde estudia Auxiliar de Sistemas Informáticos, Kelly destaca la calidad humana de sus instructores y la oportunidad que le ofrece el programa para seguir avanzando.
Kelly recuerda con dolor el día en que perdió a su madre, una mujer indígena kichwa que murió alcanzada por una bala perdida hace seis años en medio de un combate entre grupos armados en Puerto Leguízamo, circunstancia que cambió para siempre el rumbo de su familia. Su padre, también perteneciente al resguardo indígena, continúa viviendo en la región, aferrado a la tierra ancestral que los vio crecer, pese a los riesgos y la persistente presencia del conflicto armado en la zona.
Para Kelly, Formándonos para la Paz representa más que formación técnica: es una puerta que le permite proyectarse hacia un futuro digno. Sueña con emprender un negocio de gallinas ponedoras —ya cuenta con cuatro— y aspira a darles a sus hijos la vida que ella nunca tuvo. Hoy habla con orgullo de ser una mujer que, pese a haber salido del dolor más hondo, logró levantarse. Su historia es un testimonio de supervivencia, fe y determinación: una vida marcada por la guerra, pero guiada ahora por el amor de su familia y la certeza de que el futuro puede reescribirse.
Kelly Mallely Aguinda Siquihua, una joven indígena Kichwa cuya vida ha estado marcada por el dolor, la pérdida y el conflicto armado.