La OIT impulsa sueños con aroma a formación: Artissan Café, el fruto de SENATIC en las montañas de Risaralda
En las montañas húmedas de Santa Rosa de Cabal, donde sus veredas parecen suspendidas en la neblina y el café crece como herencia campesina, tres jóvenes decidieron cambiar la historia de su comunidad. Gracias al proyecto SENATIC, una alianza entre MinTIC, el SENA y la OIT, Valeria, Juan Felipe e Isabella descubrieron que la tecnología no está reñida con la tierra, y que de las aulas rurales puede brotar un emprendimiento tan fuerte como el aroma de su café: Artissan Café, cosechado con amor campesino.
Valeria Dávila Torres, con apenas 18 años, nunca imaginó que el café que veía tostar en la finca de sus padres se convertiría en el motor de un proyecto comunitario. “Antes de Artissan Café no tenía mucha idea de negocios”, reconoce, “pero con SENATIC aprendí a usar programas de diseño, a trabajar con inteligencia artificial y a crear la imagen corporativa de nuestro emprendimiento. Hoy sé que todo lo que uno aprende en la vida sirve, el conocimiento es infinito”.
Pregunta:Valeria, ¿qué ha significado SENATIC para ti en este camino?
Respuesta: Ha sido fundamental. Me dio herramientas digitales que jamás imaginé podría usar en el campo. Gracias a eso diseñamos el logo y toda la imagen del café. Ahora siento que puedo estudiar lo que sueñe, optometría o ingeniería de sistemas, y aplicar en estas áreas lo aprendido.
A su lado, Juan Felipe García Tamayo, hijo de campesinos de la vereda San Juan, creció entre cultivos, cosechas y cafetales. Su sueño de estudiar tecnología encontró en SENATIC una vía para transformar lo aprendido en las laderas cafeteras.
De la finca al emprendimiento
Valeria Dávila Torres, con apenas 18 años, nunca imaginó que el café que veía tostar en la finca de sus padres se convertiría en el motor de un proyecto comunitario. “Antes de Artissan Café no tenía mucha idea de negocios”, reconoce, “pero con SENATIC aprendí a usar programas de diseño, a trabajar con inteligencia artificial y a crear la imagen corporativa de nuestro emprendimiento. Hoy sé que todo lo que uno aprende en la vida sirve, el conocimiento es infinito”.
Pregunta:Valeria, ¿qué ha significado SENATIC para ti en este camino?
Respuesta: Ha sido fundamental. Me dio herramientas digitales que jamás imaginé podría usar en el campo. Gracias a eso diseñamos el logo y toda la imagen del café. Ahora siento que puedo estudiar lo que sueñe, optometría o ingeniería de sistemas, y aplicar en estas áreas lo aprendido.
A su lado, Juan Felipe García Tamayo, hijo de campesinos de la vereda San Juan, creció entre cultivos, cosechas y cafetales. Su sueño de estudiar tecnología encontró en SENATIC una vía para transformar lo aprendido en las laderas cafeteras.
Este proyecto cambió nuestro entorno y nuestra vida. Aquí aprendí que rendirse no es opción; siempre hay que luchar por salir adelante
Pregunta:Juan Felipe, ¿cómo cambió tu vida este proyecto?
Respuesta: Yo crecí en el campo viendo trabajar a mis papás. Con SENATIC entendí que ese conocimiento que ellos heredaron de muchos años podía transformarse en un negocio real. Ahora quiero seguir estudiando tecnología y demostrar que los jóvenes rurales también podemos innovar.
Isabella Hurtado Rivera completa el equipo. Callada, paciente, con la serenidad del campo en su mirada, ha sido un soporte esencial en la construcción de la marca y en el control de calidad del grano que hoy enorgullece a la vereda Santa Rita, municipio de Santa Rosa de Cabal, de donde tiene origen su producto.
El maestro que volvió al aula rural
Detrás de los tres jóvenes, hay una figura que los impulsa: Manuel Buitrago, su instructor. A sus 27 años, recuerda cuando él mismo fue aprendiz de un curso técnico del SENA, el que hoy le abrió las puertas al proyecto SENATIC. “Me veo reflejado en ellos”, manifiesta con orgullo.
“Sin este proyecto, cerrar la brecha hubiera sido casi imposible ya que entendieron el potencial de creer e innovar para traer un cambio positivo”, continúa Manuel.
La chispa que encendió el sueño surgió un día cualquiera. Mientras dialogaban de diferentes temas entre risas y anécdotas. Una vecina, doña Johana, se acercó a ellos amablemente y les ofreció lo que ella llamó por broma “un cafecito pobre”. Se refería a aquella bebida hecha con granos cosechados y tostados en la misma finca, ello resultó tan exquisito que los jóvenes de ahí se inspiraron y decidieron iniciar con el emprendimiento. Así nació Artissan Café, un anagrama de Santa Rita, su vereda, y una marca que dignifica el origen y esfuerzo campesino.
Pregunta: Manuel, ¿qué enseñanza te deja esta experiencia como instructor de SENATIC?
Respuesta: Que la educación cambia destinos. Estos muchachos me recuerdan que el aula no solo enseña, también conecta con la vida. Verlos transformar un cafecito de vereda en un proyecto reconocido hasta por el gobernador del departamento es la mejor prueba de que SENATIC funciona.
Artissan Café ha trascendido las aulas: el grupo ha sido invitado a participar en distintos espacios de comunicación, donde han compartido su experiencia como ejemplo de innovación rural. También su historia ha sido publicada en varios medios digitales y regionales, convirtiéndose en un referente de cómo la formación técnica, apoyada por SENATIC, puede transformar la vida de los jóvenes y visibilizar el talento campesino en escenarios de alcance nacional.
El eco de Artissan Café, ha llegado lejos de la vereda. Pedro Torres, rector del Centro Educativo en Bienestar Rural, convencido del potencial de sus estudiantes, propuso armar una ancheta y hacérsela llegar al gobernador. Así llegó una muestra del exquisito café al mandatario de Risaralda; el que con calidad y aroma conquistó su paladar. Sin pensarlo, ello motivó la construcción de una placa huella de 126 metros, que hoy conecta cinco veredas y facilita el transporte del producto. La comunidad se unió, la junta de acción comunal respaldó la idea y, en apenas mes y medio, un sueño colectivo se convirtió en realidad.
Para Manuel Buitrago, instructor de programación de software y sus tres adelantados aprendices, ese logro es más que una obra de infraestructura: es la evidencia de que la educación técnica, cuando se articula con la vida real, abre caminos que parecían imposibles de atravesar.
Artissan Café no es solo una marca; es la historia de una comunidad que encontró en SENATIC la llave para transformar el conocimiento en oportunidades. Es también la prueba de que la tecnología y el campo no son mundos separados, sino aliados cuando la educación los une.
En un país donde las brechas sociales y geográficas marcan la vida de miles de jóvenes, proyectos como SENATIC, impulsados por MinTIC, el SENA y la OIT, demuestran que la educación puede sembrar futuro allí donde más se necesita. Como dice Valeria, “todo lo que se aprende en la vida sirve”. Y en Santa Rita, el aprendizaje se sirve en una taza de café que huele a dignidad, innovación y esperanza.
Respuesta: Yo crecí en el campo viendo trabajar a mis papás. Con SENATIC entendí que ese conocimiento que ellos heredaron de muchos años podía transformarse en un negocio real. Ahora quiero seguir estudiando tecnología y demostrar que los jóvenes rurales también podemos innovar.
Isabella Hurtado Rivera completa el equipo. Callada, paciente, con la serenidad del campo en su mirada, ha sido un soporte esencial en la construcción de la marca y en el control de calidad del grano que hoy enorgullece a la vereda Santa Rita, municipio de Santa Rosa de Cabal, de donde tiene origen su producto.
El maestro que volvió al aula rural
Detrás de los tres jóvenes, hay una figura que los impulsa: Manuel Buitrago, su instructor. A sus 27 años, recuerda cuando él mismo fue aprendiz de un curso técnico del SENA, el que hoy le abrió las puertas al proyecto SENATIC. “Me veo reflejado en ellos”, manifiesta con orgullo.
“Sin este proyecto, cerrar la brecha hubiera sido casi imposible ya que entendieron el potencial de creer e innovar para traer un cambio positivo”, continúa Manuel.
La chispa que encendió el sueño surgió un día cualquiera. Mientras dialogaban de diferentes temas entre risas y anécdotas. Una vecina, doña Johana, se acercó a ellos amablemente y les ofreció lo que ella llamó por broma “un cafecito pobre”. Se refería a aquella bebida hecha con granos cosechados y tostados en la misma finca, ello resultó tan exquisito que los jóvenes de ahí se inspiraron y decidieron iniciar con el emprendimiento. Así nació Artissan Café, un anagrama de Santa Rita, su vereda, y una marca que dignifica el origen y esfuerzo campesino.
Pregunta: Manuel, ¿qué enseñanza te deja esta experiencia como instructor de SENATIC?
Respuesta: Que la educación cambia destinos. Estos muchachos me recuerdan que el aula no solo enseña, también conecta con la vida. Verlos transformar un cafecito de vereda en un proyecto reconocido hasta por el gobernador del departamento es la mejor prueba de que SENATIC funciona.
Artissan Café ha trascendido las aulas: el grupo ha sido invitado a participar en distintos espacios de comunicación, donde han compartido su experiencia como ejemplo de innovación rural. También su historia ha sido publicada en varios medios digitales y regionales, convirtiéndose en un referente de cómo la formación técnica, apoyada por SENATIC, puede transformar la vida de los jóvenes y visibilizar el talento campesino en escenarios de alcance nacional.
De Santa Rita al departamento
El eco de Artissan Café, ha llegado lejos de la vereda. Pedro Torres, rector del Centro Educativo en Bienestar Rural, convencido del potencial de sus estudiantes, propuso armar una ancheta y hacérsela llegar al gobernador. Así llegó una muestra del exquisito café al mandatario de Risaralda; el que con calidad y aroma conquistó su paladar. Sin pensarlo, ello motivó la construcción de una placa huella de 126 metros, que hoy conecta cinco veredas y facilita el transporte del producto. La comunidad se unió, la junta de acción comunal respaldó la idea y, en apenas mes y medio, un sueño colectivo se convirtió en realidad.
Para Manuel Buitrago, instructor de programación de software y sus tres adelantados aprendices, ese logro es más que una obra de infraestructura: es la evidencia de que la educación técnica, cuando se articula con la vida real, abre caminos que parecían imposibles de atravesar.
Artissan Café no es solo una marca; es la historia de una comunidad que encontró en SENATIC la llave para transformar el conocimiento en oportunidades. Es también la prueba de que la tecnología y el campo no son mundos separados, sino aliados cuando la educación los une.
En un país donde las brechas sociales y geográficas marcan la vida de miles de jóvenes, proyectos como SENATIC, impulsados por MinTIC, el SENA y la OIT, demuestran que la educación puede sembrar futuro allí donde más se necesita. Como dice Valeria, “todo lo que se aprende en la vida sirve”. Y en Santa Rita, el aprendizaje se sirve en una taza de café que huele a dignidad, innovación y esperanza.
Pedro Torres, rector de la institución educativa de la vereda Santa Rita y Manuel Buitrago, instructor del proyecto SENATIC; acompañados de una aprendiz.