La fuerza de Hércules en las aulas: la OIT y el legado de Giovanny Suárez Iglesias en Santa Marta
Al igual que Hércules, que en la mitología grecorromana combinaba la fuerza física con la nobleza de espíritu, Giovanny Alfonzo Suárez Iglesias sobresale por su imponente figura y por la huella que deja en quienes lo rodean. Con 1,94 metros de altura y 128 kilos de peso, este instructor del proyecto SENATIC, impulsado por la OIT, el Ministerio TIC y el SENA, se ha convertido en un referente de apoyo y guía para los jóvenes de las instituciones educativas El Carmen y Liceo del Sur Víctor de Lima en Santa Marta.
Nacido en Santa Marta en 1984, hijo de madre del interior del país y de un padre guajiro —fallecido hace tres años—, Giovanny creció entre la brisa ardiente de la costa caribe y la disciplina inculcada en su hogar. Su padre, Edgar Suárez, gloria del baloncesto en el Magdalena, le transmitió no solo la pasión por el deporte, sino también el valor del estudio. Ese legado sigue vivo: sus cuatro hermanos son profesionales, dos de ellos ingenieros, y todos encontraron en la educación el camino para abrirse al mundo.
Estudió Ingeniería Electrónica en la Universidad del Magdalena, se especializó en proyectos de ingeniería y se formó como auditor en sistemas de gestión de calidad. Su trayectoria profesional es amplia: ha trabajado en la agroindustria de la palma de aceite, como docente, como evaluador en competencias laborales y como director de proyectos. Hoy, esa experiencia se convierte en ejemplo para sus aprendices, a quienes insiste: “Yo también fui estudiante, y si yo pude escalar en lo académico, ustedes también pueden hacerlo”.
En las aulas del barrio Pescaíto, uno de los sectores más vulnerables de Santa Marta, Giovanny impone respeto desde que cruza la puerta. Los jóvenes, impactados por su corpulencia, lo apodan con humor costeño “Papiriki” o le advierten en broma: “Profe, usted pega duro”. Sin embargo, el trato hacia él es casi ceremonial: lo llaman “ingeniero” o “profesor”, conscientes de que frente a ellos está alguien que combina la autoridad con la cercanía.
Sabe que trabaja con adolescentes que han vivido de cerca la violencia y otras problemáticas sociales. Por eso, mantiene una línea clara: es su profesor, no su compañero de dominó. Pero al mismo tiempo, los acompaña en lo que más les importa: en el baile, en el fútbol, en las obras de teatro, en los días conmemorativos. “Cuando ellos me ven llegar a sus actividades y dicen ‘profe, usted vino’, siento que se saben importantes, y eso me llena de satisfacción”, expresa con entusiasmo.
En el marco del proyecto SENATIC, Giovanny se ha convertido en guía y promotor de una herramienta pedagógica que abre nuevas puertas. Como instructor en el curso de Sistemas Teleinformáticos, les recuerda a sus aprendices que hoy están adquiriendo conocimientos que mañana pueden convertirse en una carrera profesional.
Para muchos de ellos, la tecnología era una palabra distante; con él, se ha transformado en una oportunidad tangible.
Su estilo combina rigor y empatía. “La relación con los muchachos es fundamental”, explica. Y ese equilibrio entre seriedad y acompañamiento es el que convierte cada clase en una experiencia transformadora.
Un gigante con raíces caribeñas
Nacido en Santa Marta en 1984, hijo de madre del interior del país y de un padre guajiro —fallecido hace tres años—, Giovanny creció entre la brisa ardiente de la costa caribe y la disciplina inculcada en su hogar. Su padre, Edgar Suárez, gloria del baloncesto en el Magdalena, le transmitió no solo la pasión por el deporte, sino también el valor del estudio. Ese legado sigue vivo: sus cuatro hermanos son profesionales, dos de ellos ingenieros, y todos encontraron en la educación el camino para abrirse al mundo.
Estudió Ingeniería Electrónica en la Universidad del Magdalena, se especializó en proyectos de ingeniería y se formó como auditor en sistemas de gestión de calidad. Su trayectoria profesional es amplia: ha trabajado en la agroindustria de la palma de aceite, como docente, como evaluador en competencias laborales y como director de proyectos. Hoy, esa experiencia se convierte en ejemplo para sus aprendices, a quienes insiste: “Yo también fui estudiante, y si yo pude escalar en lo académico, ustedes también pueden hacerlo”.
El “Papiriki” de Pescaíto
En las aulas del barrio Pescaíto, uno de los sectores más vulnerables de Santa Marta, Giovanny impone respeto desde que cruza la puerta. Los jóvenes, impactados por su corpulencia, lo apodan con humor costeño “Papiriki” o le advierten en broma: “Profe, usted pega duro”. Sin embargo, el trato hacia él es casi ceremonial: lo llaman “ingeniero” o “profesor”, conscientes de que frente a ellos está alguien que combina la autoridad con la cercanía.
Sabe que trabaja con adolescentes que han vivido de cerca la violencia y otras problemáticas sociales. Por eso, mantiene una línea clara: es su profesor, no su compañero de dominó. Pero al mismo tiempo, los acompaña en lo que más les importa: en el baile, en el fútbol, en las obras de teatro, en los días conmemorativos. “Cuando ellos me ven llegar a sus actividades y dicen ‘profe, usted vino’, siento que se saben importantes, y eso me llena de satisfacción”, expresa con entusiasmo.
SENATIC como semilla de formación
En el marco del proyecto SENATIC, Giovanny se ha convertido en guía y promotor de una herramienta pedagógica que abre nuevas puertas. Como instructor en el curso de Sistemas Teleinformáticos, les recuerda a sus aprendices que hoy están adquiriendo conocimientos que mañana pueden convertirse en una carrera profesional.
Para muchos de ellos, la tecnología era una palabra distante; con él, se ha transformado en una oportunidad tangible.
Su estilo combina rigor y empatía. “La relación con los muchachos es fundamental”, explica. Y ese equilibrio entre seriedad y acompañamiento es el que convierte cada clase en una experiencia transformadora.
La fuerza heredada y el presente activo
Con 41 años, Giovanny no descuida el cuerpo ni la mente. Practica baloncesto, heredando la pasión de su padre, y se ejercita en artes marciales mixtas, convencido de que después de los 40 hay que mantenerse activo. Aunque hoy es un “papá perruno”, sueña con tener hijos y transmitirles los mismos valores que recibió: el estudio, el respeto y el amor por el deporte.
Como el gran Hércules de Tebas, Giovanny Suárez Iglesias carga sobre sus hombros no solo una imponente figura, sino la fuerza interior de un propósito: acompañar a los jóvenes de Santa Marta en el camino hacia un futuro mejor. En cada clase, en cada conversación y en cada gesto de apoyo, este instructor de SENATIC y la OIT demuestra que la verdadera grandeza no está en la altura de su cuerpo, sino en la grandeza de las ideales.
Giovanny Suárez Iglesias hace parte del grupo de los más de 800 instructores que continúan en 2025 en la línea 1 del proyecto SENATIC, alianza dada en todo el territorio colombiano entre el Ministerio TIC, el SENA y la OIT, para jóvenes pertenecientes a la educación media técnica articulada.