De la adversidad al propósito, un joven del suroccidente de Colombia quien gracias al apoyo de la OIT y SENATIC, hoy cree en el uso positivo de la tecnología
“En cada maltrato que recibí de niño, aprendí a levantarme con más fuerza. Hoy, uso la tecnología para construir”, dice Luis Felipe Ñañez Ibarra, aprendiz del proyecto SENATIC, una alianza impulsada por el Ministerio TIC, el SENA y la OIT, iniciativa que transforma vidas a través de la formación digital.
Luis Felipe nació en Pasto, capital del departamento de Nariño, al sur de Colombia, donde también creció bajo el cuidado amoroso de su abuela. Su madre, también pastusa, lo tuvo a los 14 años, y su padre falleció cuando él era muy pequeño. Su infancia no fue fácil: vivió años de acoso escolar, bullying constante, circunstancia que nunca entendió del todo. “Nunca entendí por qué me molestaban, pero entendí que tenía que hacer algo para cambiarlo”, recuerda. Al ver que las autoridades escolares no actuaban, su abuela intervino. Más adelante, Luis Felipe tomó fuerza, se defendió y fue ganando el respeto de sus compañeros. Así comenzó un proceso de integración y confianza en sí mismo.
Durante el bachillerato mostró buen desempeño, aunque el confinamiento por COVID-19 le trajo dificultades. Estar en casa le resultaba cómodo, y su rendimiento bajó. Pero supo reconectarse con su meta, cuando volvió a la presencialidad recuperó sus materias y regresó a los primeros puestos. Las materias que más disfruta son filosofía y biología, porque —dice— le ayudan a encontrarle sentido a las cosas.
El año pasado, con SENATIC, inició su camino en la tecnología con el curso de sistemas teleinformáticos. Al principio no le llamaba mucho la atención, pero pronto se dio cuenta de que podía aprender a usar herramientas digitales para mejorar su vida. Descubrió la utilidad de lo que antes le parecía abstracto. Reflexiona con madurez sobre el uso actual de la tecnología: “La tecnología es muy avanzada, el problema es el mal uso que le damos”. Cree que nos estamos volviendo facilistas y poco conscientes de lo que hacemos con los recursos que tenemos a la mano.
Luis Felipe nació en Pasto, capital del departamento de Nariño, al sur de Colombia, donde también creció bajo el cuidado amoroso de su abuela. Su madre, también pastusa, lo tuvo a los 14 años, y su padre falleció cuando él era muy pequeño. Su infancia no fue fácil: vivió años de acoso escolar, bullying constante, circunstancia que nunca entendió del todo. “Nunca entendí por qué me molestaban, pero entendí que tenía que hacer algo para cambiarlo”, recuerda. Al ver que las autoridades escolares no actuaban, su abuela intervino. Más adelante, Luis Felipe tomó fuerza, se defendió y fue ganando el respeto de sus compañeros. Así comenzó un proceso de integración y confianza en sí mismo.
Durante el bachillerato mostró buen desempeño, aunque el confinamiento por COVID-19 le trajo dificultades. Estar en casa le resultaba cómodo, y su rendimiento bajó. Pero supo reconectarse con su meta, cuando volvió a la presencialidad recuperó sus materias y regresó a los primeros puestos. Las materias que más disfruta son filosofía y biología, porque —dice— le ayudan a encontrarle sentido a las cosas.
El año pasado, con SENATIC, inició su camino en la tecnología con el curso de sistemas teleinformáticos. Al principio no le llamaba mucho la atención, pero pronto se dio cuenta de que podía aprender a usar herramientas digitales para mejorar su vida. Descubrió la utilidad de lo que antes le parecía abstracto. Reflexiona con madurez sobre el uso actual de la tecnología: “La tecnología es muy avanzada, el problema es el mal uso que le damos”. Cree que nos estamos volviendo facilistas y poco conscientes de lo que hacemos con los recursos que tenemos a la mano.
Además de estudiar, Luis Felipe practica boxeo, artes marciales y deportes al aire libre. Aunque no es muy de fiestas, tiene un buen grupo de amigos con quienes monta bicicleta y juega videojuegos. Sueña con estudiar medicina y combinarla con la ingeniería biomédica, un puente entre su deseo de servir a otros y su interés creciente por el mundo digital.
Para otros jóvenes, su mensaje es claro: la tecnología debe usarse con conciencia, con propósito, y con una mirada crítica. Programas como SENATIC —dice— son valiosos porque permiten entender herramientas que usamos todos los días, pero que muchas veces no sabemos aprovechar del todo.
Luis Felipe Ñañez Ibarra es un ejemplo de cómo la educación, el acompañamiento y la tecnología con enfoque humano pueden cambiar vidas. De una infancia marcada por la exclusión, hoy desde la institución educativa INEM de Pasto con el apoyo de su instructora Melissa Guerrero, se proyecta como un joven fuerte, reflexivo y comprometido con un futuro retador.
Para otros jóvenes, su mensaje es claro: la tecnología debe usarse con conciencia, con propósito, y con una mirada crítica. Programas como SENATIC —dice— son valiosos porque permiten entender herramientas que usamos todos los días, pero que muchas veces no sabemos aprovechar del todo.
Luis Felipe Ñañez Ibarra es un ejemplo de cómo la educación, el acompañamiento y la tecnología con enfoque humano pueden cambiar vidas. De una infancia marcada por la exclusión, hoy desde la institución educativa INEM de Pasto con el apoyo de su instructora Melissa Guerrero, se proyecta como un joven fuerte, reflexivo y comprometido con un futuro retador.
Luis Felipe Ñañez hace parte de los 33.000 aprendices que continúan en 2025 el proyecto SENATIC, alianza para todo el territorio colombiano entre el Ministerio TIC, el SENA y la OIT, para jóvenes que hacen parte de la línea media técnica articulada.